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  • Ana Kateri Becerra Pérez

Los textiles que habitan entre nubes

Actualizado: oct 6

Por Ana Kateri Becerra Pérez


Cuando Carlos me invitó a colaborar en el Proyecto Exposición y Rescate del Acervo Textil, Sección Altos de Chiapas, en la Colección del Museo Na Bolom del Programa de Fomento a Proyectos y Coinversiones Culturales del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes en Coinversión con el Museo Na Bolom me emocionó mucho la idea, estaba deseosa de conocer las piezas y poder adentrarme más en su proyecto, conocer a las familias de las comunidades con quienes colabora y aprender un poco más sobre el maravilloso mundo de los textiles que habitan entre nubes.


La iniciativa para el rescate de la colección textil derivó del proyecto de Carlos, Acciones de colaboración con grupos tejedores en Chiapas y Oaxaca a través del teñido con tintes naturales y el uso de telar de cintura. El rescate de la colección contemplaba diversas labores entre las que destacan el diseño de fichas catalográficas y de dictamen para la colección de indumentaria, la adecuación del espacio para el almacenaje de obra, el montaje y desmontaje de la serie de exposiciones planeadas e incluso el diseño de cedulario; básicamente, el sueño de cualquier conservadora-restauradora.


La colección textil del Museo Na Bolom fue conformada a partir de la recolección de diversas piezas de indumentaria de comunidades tzotziles y tzeltates de Los Altos de Chiapas llevada a cabo por el investigador Walter F. Morris, JR., conocido como Chip Morris. Posteriormente el Museo recibió donaciones de otras personas entre las que destacan Lori Benson, Carlos Barrera Reyes e incluso María Santiago, tejedora originaria de Zinacantán, quien colabora en el proyecto Acciones de colaboración.


Esta colección es sumamente importante, pues se trata de un acervo especializado que cuenta con una gran cantidad de ejemplares de diversas temporalidades que permiten conocer el devenir de la indumentaria de Los Altos de Chiapas, tanto en materiales como en tecnologías de manufactura. Además, funge como archivo para que las personas interesadas, sean productores de las comunidades o bien investigadores externos, puedan acceder a piezas para su estudio. Las obras resguardadas datan de los años 40 del siglo pasado hasta bienes creados en 2019. Cabe mencionar que además de textiles, la colección cuenta con accesorios y artefactos que complementan los sistemas indumentarios de Los Altos de Chiapas como sombreros, bolsas, morrales, etcétera., además de objetos relacionados también con la vida cotidiana de los pueblos tzotziles y tzeltales como son los petet (husos), servilletas, bolsas para tortillas, instrumentos musicales entre otros.


La colección de textiles del Museo Na Bolom es, por lo tanto, una muestra de la complejidad de la producción cultural de las comunidades de Los Altos de Chiapas y de su devenir a través del tiempo, por lo que las labores de conservación y salvaguarda de la misma son indispensables para contribuir al resguardo de los saberes colectivos de las comunidades de las cuales provienen.


Cuando Carlos me externó el posicionamiento que tenían, tanto el Museo como él, titular del proyecto, de permitir que los visitantes de las exposiciones pudieran manipular la obra, quedé bastante preocupada. En la escuela de restauración me habían enseñado que la manipulación prolongada de la obra genera deterioros a largo plazo y por lo tanto debe evitarse a toda costa que el público la toque. En todos los museos que había visitado hasta entonces incluso contaban con custodios para contener a las personas que buscaran acercarse demasiado a la obra y cuando sucedía no dudaban en hacer un llamado de atención. Fue entonces cuando comenzó una lucha interna entre el deber ser dictado por mi profesión, y el objetivo del proyecto.


Ante este escenario, aunque estaba bastante dispuesta a flexibilizar mis límites como profesional de la conservación, Carlos me aconsejó relajarme puesto que la postura era inamovible pues la colección del Museo había sido creada para socializarse y eso era justamente lo que se iba a hacer. Por supuesto que, para ese momento, teníamos ideas diferentes de cómo socializar una colección. La decisión estaba tomada y quedaba adaptarme.


Finalmente llegó el esperado día, el 25 de julio de 2019. Habíamos montado la exposición un día antes en un pequeño cuarto que nos facilitó la Casa de Cultura de Tenejapa. El montaje de la obra fue bastante sencillo y ágil gracias a la colaboración del equipo de Na Bolom y a las facilidades brindas por la Casa de Cultura. La obra fue seleccionada cuidadosamente y el discurso museográfico fue reforzado por una serie de fotografías tomadas por Gertrude Duby Blom “Trudy”, que generosamente Na Bolom donó a la comunidad al término de la exhibición.


Estaba emocionada de poder llevar esas piezas a la comunidad en donde se originaron. Algo que nunca sucederá con mucha de la obra que he trabajado a lo largo de mi desarrollo profesional. Se trataba de un momento especial. Recuerdo la inauguración como si hubiera sido una fiesta. Un delicioso olor a tamales inundaba el aire y el ambiente se vestía con música tradicional. Fui de las últimas en entrar, la gente de la comunidad estaba deseosa de conocer las piezas así que entraron primero.


Cuando por fin logré ingresar solo se escuchaban risas. Las personas estaban emocionadas de reconocer a sus parientes en las fotografías y a sus ancestras en los tejidos. Sacaban fotografías y compartían anécdotas. Y al ver el respeto y el cariño con el que manipulaban la obra por fin pude respirar y relajarme. Comprendí entonces que si alguien sabe manipular la indumentaria tzeltal es precisamente el pueblo tzeltal. Entendí que estoy muy lejos de comprender el significado de una herencia cultural que no es la propia pero que, sin embargo, puedo valorar. Aprendí también a reinventar mi quehacer profesional y a despojarme de muchos estigmas. Concebí que no todo lo que nos dice la escuela tiene que ser una ley porque el deber ser, en realidad, debe ser el que nos marca el corazón y la empatía, la reciprocidad y la comunalidad.

Esta experiencia, además de ser sumamente enriquecedora, me permitió revalorar también mi rol como profesional de la conservación-restauración y la relevancia de la labor que desarrollo pues la importancia de que los objetos se encuentren en un buen estado de conservación es vital para que pueda ser exhibida y manipulada sin que corra riesgo ni la obra ni el público. Descubrí entonces que la conservación es algo vivo que también se transforma y se adapta a su entorno.


La exposición Guía Textil de Los Altos de Chiapas: Tenejapa me cambió la vida. Me dio una importante lección sobre el trabajo en equipo y el respeto a otras formas de accionar, de ver el mundo y de vivir la cultura material. Hoy estoy agradecida de haber podido compartir espacio con la comunidad de Tenejapa, quienes me permitieron adentrarme un ratito en su mundo, me acogieron, me enseñaron muchas cosas y algunos se convirtieron en amigos entrañables.


Me gustaría agradecer también a Carlos Barrera por la oportunidad de trabajar a su lado, a Patricia López Sánchez y al equipo de Na Bolom por la disposición y apertura para llevar a cabo todas las actividades necesarias para la conservación del acervo, y a los grupos de productores de las comunidades de Los Altos de Chiapas que colaboran en el proyecto porque sin su apoyo no habría sido posible llevar a cabo la documentación y el montaje adecuado de la obra.


La colección textil del Museo Na Bolom aún requiere de mucha infraestructura que garantice su salvaguarda, sin embargo, el trabajo realizado hasta ahora ha rendido frutos para todos los involucrados y esperamos que en un futuro se pueda contar con los recursos para continuar con su conservación, restauración, estudio y socialización.




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